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Telefónica cumple 100 años, una operación estratégica que cambió España | Empresas

Telefónica cumple 100 años, una edad que pocas empresas pueden presumir de alcanzar en España… o en cualquier parte del mundo. La compañía, bajo la presidencia actual de José María Álvarez-Pallete, celebra estos días por todo lo alto un centenario que ha coincidido con un momento de grandes cambios tecnológicos y accionariales, con el retorno del Estado al capital casi 30 años después de completarse su privatización o la llegada de STC, la gran operadora de Arabia Saudí. De repente, la operadora copa titulares y llevó al directivo a proclamar en la reciente junta de accionistas que comprende…

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Telefónica cumple 100 años, una edad que pocas empresas pueden presumir de alcanzar en España… o en cualquier parte del mundo. La compañía, bajo la presidencia actual de José María Álvarez-Pallete, celebra estos días por todo lo alto un centenario que ha coincidido con un momento de grandes cambios tecnológicos y accionariales, con el retorno del Estado al capital casi 30 años después de completarse su privatización o la llegada de STC, la gran operadora de Arabia Saudí. De repente, la operadora copa titulares y llevó al directivo a proclamar en la reciente junta de accionistas que comprende ese deseo de “estar en Telefónica porque Telefónica es parte del futuro, un futuro por el que ha apostado”.

Pallete es el décimo primer presidente de la compañía en su siglo de historia. Telefónica nació el 19 de abril de 1924, durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, época en la que también se impulsaron otros grupos industriales -como la Campsa- y Europa vivía una tregua entre las dos guerras mundiales. Su creación supuso un giro decisivo en la historia de la telefonía española, que por entonces ya tenía medio siglo de existencia, según se explica en el libro Historia de Telefónica: 1924-1975, del profesor Ángel Calvo. La operación tuvo entonces un enorme calado político, estratégico, tecnológico y financiero, con un impacto decisivo en el posterior desarrollo de las telecomunicaciones y la innovación en España.

En aquel entonces, el mercado español estaba muy escindido, con redes inconexas de la época previa y un conjunto de monopolios locales, de carácter privado en su mayoría. Había también redes locales y regionales públicas, pero la telefonía interurbana estaba en manos privadas. No obstante, pese a esta fragmentación de las concesiones, se desarrolló un cierto proceso de concentración empresarial, que otorgó a la Compañía Peninsular de Teléfonos (CPT) un papel preponderante. En todo caso, España estaba muy retrasada en la implantación del servicio telefónico frente a otros países europeos. Por ejemplo, en 1910, antes de la Primera Guerra Mundial, había 0,11 teléfonos por cada 100 habitantes, por debajo de Francia, con 0,59: Reino Unido, con 1,43; Alemania, con 1,69; o Dinamarca, con 3,70.

En un escenario de numerosas iniciativas fallidas, debates y disputas políticas durante los años previos, a principios de 1924, los empleados de la CPT elevaron un escrito al Directorio Militar en el que denunciaban las numerosas deficiencias del servicio telefónico y pedían que el Estado se incautase de todas las concesiones existentes en España. Poco después, Primo de Rivera hizo público que se estaba analizando una mejora de los servicios, trabajo encargado a la Dirección General de Telégrafos, que pasó a ser de Comunicaciones. En este periodo, la prensa de Madrid se sumó a la campaña en favor de un servicio mejor y más barato.

Inicialmente, las preferencias apuntaban a una red pública, pero el Gobierno de Primo de Rivera terminó por adjudicar el servicio telefónico en régimen de monopolio a la compañía estadounidense International Telegraph and Telephone (ITT), bajo el mano del norteamericano Sosthenes Behn. El ejecutivo sería clave en los primeros 20 años de la compañía, hasta la nacionalización de 1945 por parte del Gobierno de Francisco Franco, tras distintas pugnas con las autoridades de EE UU.

Behn había estado trabajando con las autoridades españolas desde tiempo atrás para ganarse a la clase política y a los empresarios (se dice que se instaló en una suite del hotel Ritz de Madrid, desde donde dirigió las operaciones). Entre otros logros, atrajo al rey Alfonso XIII y al marqués de Urquijo, quienes respaldaron el proyecto norteamericano de ITT para acabar así con los posibles resquemores que pudieran quedar de la guerra contra EE UU de 1898 (la de Cuba y Filipinas).

El empresario norteamericano adquirió derechos sobre la citada CPT, de la Compañía Madrileña de Teléfonos o de la Sociedad General de Teléfonos. Con ello, conformó un grupo de industriales y financieros españoles, con posiciones hegemónicas en el entramado económico del país, para fundar la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) en abril de 1924. Un día como hoy de hace un siglo, el proyecto de la CTNE, con un plan de reforma y ampliación del servicio telefónico en España, fue presentado al Gobierno.

Tres empresas sumaron su nombre al de CTNE para participar en el denominado por el Gobierno “Concurso Especial de Posiciones Libres” para dotar al país de un servicio telefónico: la sueca Ericsson; la alemana Siemens, y New Antwerp Telephone and Electrical Works, el denominado “grupo belga”. Finalmente, ITT salió ganadora. En agosto de 1924, CTNE cerró un contrato con el Estado para la organización y ampliación del servicio telefónico nacional, que le garantizaba el monopolio y el control total del suministro del material.

En cumplimiento de los contratos firmados, CTNE traspasó a ITT todos sus derechos, aunque se mantenía como empresa operadora. Con denominación y domicilio en España, y nacionales en sus órganos directivos, la CTNE se convirtió en el primer y mayor ejemplo de conglomerado mundial de empresas operadoras de telegrafía, cable y teléfono.

ITT, por su parte, pasó a ser la principal propietaria, al cubrir la casi totalidad de una ampliación de capital de 115 millones de pesetas (casi el doble de la previsión inicial de 60 millones). Banco Urquijo y Banco Hispanoamericano se reservaron, por partes iguales, 600.000 pesetas en acciones ordinarias. Como depositarios de los fondos se designaron a los Bancos de España, Hispanoamericano y Urquijo; junto con International Banking & Co, International Telephone Securities, Morgan Harjes & Co de París y Morgan Grenfell de Londres.

El crecimiento empresarial fue exponencial porque, al terminar la década, el capital superaba los 500 millones de pesetas. Entre 1924 y 1966, la compañía haría 14 ampliaciones de capital, con un total de 1.400 millones de pesetas en acciones.

De vuelta al origen, el primer consejo de administración de la CTNE estuvo presidido por el marqués de Urquijo y tuvo entre sus integrantes a Valentín Ruiz Senén, Julián Cifuentes, el marqués de Perijáa, Sosthenes y Hernand Behn, Lewis Proctor, el marqués de Comillas, José María Boada, Javier Martí, Amadeo Álvarez y Gumersindo Rico, junto a los consejeros delegados del Gobierno, Miguel Manella, Antonio Carrillo de Albornoz y Antonio Nieto.

Con la puesta en marcha de las operaciones, los directivos de la CTNE dedicaron buena parte de su actividad a negociar con las instituciones la entrega de redes a la empresa, entre las que figuraron las diputaciones de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa, junto con el ayuntamiento de Pamplona; el ayuntamiento de Madrid, el Canal de Isabel II, la Compañía Metropolitano Alfonso XIII o las empresas ferroviarias. A principios de 1925, absorbió la Compañía Peninsular de Teléfonos, la Sociedad General de Teléfonos de Barcelona y la Compañía Madrileña de Teléfonos. Los bancos Urquijo e Hispano establecieron un sindicato bancario para la suscripción y canje de acciones de la CTNE.

La CTNE también adquirió las concesiones urbanas de Zaragoza, Pamplona, Granada, Santander, Valencia, Córdoba, Málaga, Alcira, Mérida y Manzanares. “Estas adquisiciones nos llevan a que, de los 83.000 teléfonos, aproximadamente, que hay en España, poseamos ya unos 70.000 y, además, tengamos a nuestro cargo el 95% de las líneas telefónicas interurbanas”, rezó la compañía en su primera memoria anual.

Behn se empañaba en presentar a la compañía ante la opinión pública española con una imagen de empresa solvente y seria. Además, centralizó en la dirección de Madrid toda la información de planes y proyectos, acompañada de anuncios publicitarios en periódicos y revistas financieras. Dentro de esa estrategia de imagen, se impulsó la construcción de una central moderna en plena Gran Vía (en lo que hoy es el número 28), abierta al público, y dotada con sala de descanso para telefonistas, sala para la prensa y otras mejoras. De inmediato, pasó a ser un edificio emblemático de Madrid y ejemplo único en Europa.

Impulso tecnológico

Desde entonces, la compañía ha sido clave en el desarrollo de las redes de telecomunicaciones en el país, primero de cobre, y después de telefonía móvil y fibra óptica, con los cables submarinos y los satélites como respaldo a los servicios e infraestructuras; para dar un salto internacional a partir de principios de los noventa. Telefónica, uno de los principales valores bursátiles españoles desde hace décadas con las populares matildes (popularizadas por los anuncios de José Luis López Vázquez), con presencia en Wall Street desde 1988, cuenta en la actualidad con 387,8 millones de clientes, repartidos entre España, Alemania, Reino Unido, Brasil y otros países de Latinoamérica como Argentina, Perú, Chile, Ecuador, Venezuela, Colombia y México, entre otros.

Su futuro, al igual que los del resto de operadoras, especialmente en Europa, no es fácil. La fuerte competencia, que ha impactado en los ingresos y estancado el crecimiento, penaliza a un sector que debe seguir haciendo fuertes inversiones en las redes de nueva generación, tanto móviles como fijas, ante la alta demanda de los usuarios. En su celebración de este día, Telefónica ha presumido de apagar la red de cobre en España, algo que ninguno de los grandes países ha hecho.

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